HERRERO DE MIGUEL, VICTOR
Prólogo, de Javier Gomá Lanzón LunesMartesMiércolesJuevesViernesSábadoDomingo
Ayer, un mes después de morir, grabaron sobre su tumba el nombre de mi madre. Al ver sobre la piedra las letras que tantas veces estuvieronen mis labios sentí un impulso doble, contradictorio tan solo en unprimer instante, que me empujaba al mismo tiempo a permanecer calladoy a pronunciar las palabras justas para nombrar la vida. Lo que sentía en ese momento solo puede ser nombrado con la palabra «tristeza»,aunque la palabra «tristeza» -como le ocurre a todas las palabrasfrente a la complejidad de nuestra vida- se queda tan corta como unmetro para sondear las profundidades de un abismo.